Las moquetas, sofás, sillas y demás superficies tapizadas son unos elementos del mobiliario delicados en su limpieza. Una mancha puede suponer un grave perjuicio si se incrusta en el tejido. Pero no todos los residuos son iguales. Vamos a repasar los lamparones más difíciles de eliminar, que provocan muchos quebraderos de cabeza a los propietarios de la pieza afectada.

Los productos de origen orgánico suelen ser los más complicados de quitar. El aceite, el chocolate o la mostaza pueden dejar un rastro muy visible en las superficies tapizadas, en particular, y en todos los tejidos, en general. El café también deja notorios borrones en los muebles más delicados de la casa. Su aspecto oscuro hace que sean muy perceptibles a los ojos de cualquier persona.

Pero, sin duda, uno de los productos que más problemas acarrea, en este sentido, es el vino. La complicación aumenta si se trata de caldo tinto que se derrama sobre una superficie de color claro. El líquido se introduce en los tejidos porosos, donde el tinte natural se instala. Si no se actúa de forma rápida, las manchas de vino tinto pueden quedar de forma permanente en la tela. Con el paso del tiempo, su color puede variar desde el amarillo hasta el burdeos.

Los restos que deja la tinta de un bolígrafo o una pluma también suponen un escollo si no se cuenta con los medios necesarios para eliminarla. Al igual que sucede con el vino, la sustancia líquida penetra en el tejido, que lo absorbe. La sangre también deja su huella en las superficies tapizadas en las que se deposita. Su potente pigmentación y su líquida composición facilitan que la mancha se fije en sofás, sillas, moquetas y demás elementos del mobiliario de similares características.

Como especialistas en higienización, en Limpiezas Abando empleamos técnicas profesionales para hacer desaparecer las marcas de las superficies tapizadas y las moquetas. El fregado mecánico y el sistema de inyección-extracción dan muy buenos resultados en la limpieza de estos tejidos. Asimismo, en las alfombras que tratamos en nuestros almacenes, los operarios aplican un chorro de agua a presión si la suciedad está muy incrustada. Normalmente, es necesario dejar secar las telas durante un mínimo de 24 horas.