Hablamos de los dos productos de limpieza, de uso convencional, más populares. La mayoría de los hogares en España contarán con uno u otro y, probablemente, con los dos. Desde hace muchos años, a la hora de higienizar y desinfectar las superficies nos hemos decantado por alguno de ellos. Solemos tenerlos a mano, sobre todo a la hora de realizar limpiezas generales. Su éxito reside, sin duda, en el hecho de que nos parece que conseguirnos mejores resultados de limpieza. Sin embargo, en nuestra empresa de limpiezas en Bilbao no somos fan de estos viejos conocidos.  Todos somos conscientes de que estos productos químicos son tóxicos y pueden dañar la salud de las personas que los utilizan, deben usarse con cuidado y nunca, bajo ningún concepto, mezclarlos.

Para entenderlo mejor vamos a ver los productos por separado, cuáles son sus propiedades y características principales. Así como sus ventajas o inconvenientes, para finalmente analizar qué ocurre cuando usamos estos dos productos de limpieza a la vez.

Lejía

Su formulación se basa en hipoclorito sódico. Es uno de los productos más utilizados, ya que todos conocemos su capacidad desinfectante y bactericida. Además, cuenta con una gran capacidad de oxidación, por lo que uso es especialmente efectivo en la limpieza de baños y sanitarios. Es muy adecuado para acabar con todo germen, microorganismo o patógenos y, también, es muy eficaz para eliminar el moho. Por ello, su uso está recomendado para la limpieza de baños, siempre diluido en agua.

Como producto químico es peligroso para nuestra piel, por ello debemos usarlo con guantes. También es muy adecuado para emplear como blanqueante para ropa, pero si nos excedemos con la cantidad podría deteriorar las fibras y los tejidos.

Amoníaco

En este caso, hablamos de hidróxido de amonio. La principal ventaja de este producto es su capacidad desengrasante, por lo que se usa con frecuencia para limpiar e higienizar las cocinas. También nos permite conseguir los mejores resultados en cuanto a la limpieza de cristales y espejos o baldosas y azulejos. Esto tiene una explicación razonable, al evaporarse no queda ningún rastro, por lo que conseguimos un resultado brillante y sin marcas de pasadas.

Como ocurre con la lejía debe diluirse en agua y extremar las precauciones en cuanto a su uso. El principal inconveniente del amoníaco es que desprende vapores tóxicos y un olor muy fuerte que puede irritar nuestras vías respiratorias y los ojos. Por ello, debemos emplearlo siempre en lugares bien ventilados.

¿Por qué no juntos?

Estos dos productos químicos juntos crean una reacción química, dando lugar a la cloramina que genera un vapor altamente tóxico. Notaremos irritación en la zona ocular y problemas respiratorios. Una exposición prolongada puede ser mortal y las exposiciones cortas y continuadas pueden generar otros problemas de salud, como edemas pulmonares.

Los servicios profesionales de limpieza, como el que te ofrecemos en Limpiezas Abando utilizan otros métodos de higienización mucho más sostenibles y menos tóxicos para que puedas disfrutar de una vivienda limpia sin poner en riesgo tu salud.